Amanecer en Ptolomeo

27 octubre 2017

El viernes 28 de octubre tuvimos la visita de un numeroso grupo de alumnos de colegio Brains de Madrid que venían para descubrir el Sol y la Luna. Quedaba poco para el ocaso así que primero realizaron la observación solar desde el aula con el Helianthus y descubrieron muchas curiosidades sobre nuestra estrella. El Sol estaba cerca del horizonte y del paso de la ruta de aviones que van con destino a Madrid  así no tardó en cruzar uno por delante del disco solar de un metro y medio. Todos alucinaron cuando lo vieron pasar con la silueta perfecta y dejando una estela que desapareció a los pocos segundos. Hasta que no pasa algo así no te das cuenta de que la visión del Sol es en directo de verdad y los muchachos lo disfrutaron mucho. Sentían que verdaderamente era real y no una imagen de vídeo. 

 

 

Después llegó la sesión lunar y resultó de lo más emocionante para ellos pues estar al aire libre bajo las estrellas era otra dimensión diferente. Acercar la Luna al público por primera vez es una experiencia sensacional. Asistir a ese momento en el que la persona expresa ese “ohhh” de emoción y sorpresa seguido de otras exclamaciones más expresivas... eso no tiene precio. A veces notas cierta incredulidad ante el asombro de estar admirando otro mundo ¿es de verdad la Luna? Te preguntan porque no se imaginaban poder verla así, porque parece que estás allí y no es posible...  
... estoy encaramada a un telescopio y parece que puedo tocarla...  decían.

 

 

Las noches de observación lunar son experiencias muy intensas, unas de las más esperadas cuando organizo sesiones de observación al público desde el Observatorio de La Hita. No hay un solo momento en todo el ciclo lunar que no resulte fascinante e interesante, siempre tiene algo que mostrar y si buscas la recompensa no tarda en llegar.

Una merienda durante el crepúsculo para comenzar la segunda parte de la actividad.
Una merienda durante el crepúsculo para comenzar la segunda parte de la actividad.

Mientras caía el crepúsculo pasaron a visitar las instalaciones, conocer de primera mano cómo funcionan los telescopios para investigación les dejó sorprendidos y no dejaban de preguntar y tener curiosidad, ¡eso era magnífico! 

 

A la hora indicada llegó la señal desde la plataforma de los telescopios... ya están listos para la sesión, y apodéis bajar. Tres puntos de observación para repartir al grupo que realizarán un viaje por el firmamento. Primera parada Saturno: muy bajo en el horizonte se despedía de nosotros con una fuerte coloración amarillenta debido al polvo en suspensión. Después pasaron a mirar por los prismáticos para admirar la galaxia de Andrómeda, es tan grande que merecía la pena la visión en estéreo para abarcarla al completo. Alucinaban con ella y su distancia, lo que no se esperaban era poder verla a simple ista... mirar, ¿veis aquella estrella? Si os fijáis por encima hay una manchita borrosa como una nubecilla... esa es la galaxia de Andrómeda... se quedaban con la boca abierta y unos segundos después decían ¡hala, si la veo! cómo mola, y salían corriendo mientras les escuchabas gritar ¡veo la galaxia y está a 2 millones de años luz! (se perdía su voz en la distancia y seguía diciendo: el Sol está a 8 minutos y esta está a millones). Se te pone una sonrisa de felicidad que ya no te la quitan en toda la noche. 

 

El tercer destino estaría más cerca: la Luna. El siguiente telescopio apuntaba al terminador de de nuestro satélite, ninguno se imaginaba que podrían verla de esa manera. En palabras de ellos era como “estar allí”, otros decían “si casi puedo tocarla”. Les indiqué algunas curiosidades que tenía a la vista como reconocer las diferencias entre mares y tierras, las edades de los cráteres y sobre todo a fijarse en las sombras que proyectaban las montañas. Con eso alucinaban mucho. Porque cada noche es sorprendente, les contaba que el terminador avanzaba por la superficie de la Luna y mientras amanecía allí podíamos ver cómo asomaban los picos más altos en la noche lunar. Las largas sombras que proyectaban indicaban que el Sol estaba allí muy bajo en el horizonte. “Mirar el cráter Ptolomeo” es un gigantesco cráter inundado de lava con el fondo convexo. En su interior la luz no llega por igual al suelo debido a que el fondo está algo abombado y esa curvatura se percibe porque una parte queda aún en sombra". 

 

Los muchachos disfrutaban de esta impresionante visión, pero no lo hacían ellos solos. Muchos podrán pensar que mi situación podría hacerse aburrida, estar una hora mirando siempre el mismo paisaje y el mismo cráter... pero es todo lo contrario. Estaba encantada,observar durante toda una hora un mismo cráter en la Luna es de todo menos aburrido. Gracias a la luz del Sol los paisajes de la Luna están en constante cambio, el avance del amanecer en el ecuador lunar es aproximadamente de 15 km/h y Ptolomeo es un destino fabuloso para observar ese avance. El octavo día de lunación el terminador pasa por este cráter y como estamos casi en cuarto creciente es muy fácil su observación a horas tempranas.

 

 

Imagen tomada con teléfono móvil asomado al telescopio TEDI+
Imagen tomada con teléfono móvil asomado al telescopio TEDI+

El tropel de muchachos comenzó a acercarse a la escalera del telescopio y uno a uno subían para mirar por el ocular; al menos eso intentaba, la entropía se hacía patente en sus movimientos cuando veía aparecer tres cabezas. Pero aún así se portaron bien. 

 

Comenzamos a observar Ptolomeo a las 20:43, algunos muchachos preguntaban sobre detalles que veían y para estar seguros de qué era de lo que hablaban hacía una foto con el teléfono y sobre la pantalla me mostraban el accidente o detalle sobre el que tenían duda. Sobra decir que alucinaban con la posibilidad de hacer fotos así de sencillas a la Luna, y cuando bajaban iban corriendo a su profesor para decirle que estaban entusiasmados y que no se le ocurriera irse sin subir a hacer fotos con su teléfono para que se las pasara luego en el colegio. 

Así, entre ojo y ojo, cada pocos minutos algún muchacho me pedía una foto para preguntar algo, yo estaba encantada de dar todas las explicaciones posibles y también de tener la posibilidad de hacer fotos aunque fueran casi robadas con un teléfono, porque desde que empezamos la observación lunar me di cuenta de que algo estaba cambiando en el fondo de Ptolomeo.

 

Todos veían la enorme sombra picuda y alargada, pero no podían percibir como yo que esa sombra se estaba "acortando", mermaba cada pocos minutos. Inicialmente alcanzaba casi el borde opuesto del cráter, se perdía en la oscuridad convexa de la parte del fondo que aún estaba sumergida en la noche lunar. A las 20:50 aproximadamente ya empezaba a verse el final de la sombra de la montaña recortada contra el suelo, completa. -¨ÑÑÑÑÑ (esto lo ha escrito mi gata al pasar, perdonar la interrupción). A partir de las 21 horas el juego de sombras comenzó a revelar mucha información que me saturaba la cabeza, me hubiera quedado sola pegada con cinta aislante... pero aún quedaban muchos ojos que esperaban así que me reservé a los momentos en los que subían y bajaban. Lo justo para alucinar cada minuto. 

 

El fondo comenzaba a llenarse más y más de luz, la larga sombra se encogía como si estuviera sintiendo miedo por la cegadora luz del sol que ya iluminaba buena parte del fondo del cráter. Todo quedaba a la vista, nada podía escapar de la mirada de todos los terrícolas, y la larga sombra huía a refugiarse a la base de las colinas. Es sobrecogedor ver cómo la proyección de las sombras del borde del cráter revela una silueta tan diferente, delata formas y alturas tan diversas... ahí hay una montaña que debe destacar con respecto al resto aunque no sea mucho es lo suficiente para que su sombra se arroje por el suelo... me dejaba llevar por estos pensamientos. 

 

A las 21:30 la sombra se había acortado mucho, alcanzaba la mitad del cráter pero apareció algo que me sorprendió mucho. Al ser una observación tan ocasional por mi parte no prestaba demasiada atención a los detalles finos, los muchachos subían y bajaban y me asomaba de vez en cuando. La calidad de la atmósfera no era muy buena, había momentos de seeing bueno pero breve así que di más prioridad a que percibieran las sombras y otros detalles. Pero algo comenzó a cambiar, y la estabilidad de la imagen comenzó a revelar sorpresas. El fondo de Ptolomeo no era totalmente liso, había visto rugosidad y algunos detalles que evidenciaban la presencia de pequeños cráteres pero sin demasiado detalle. Entonces todo se estabilizó de tal manera que me quedé sin habla. El fondo del cráter se volvió nítido y yo casi ahogo un grito en lo alto de la escalera. “¡Está plagado de cratercillos y montículos! qué digo, está acribillado”. Fue un regalo para la vista, por momentos pude ver tanto detalle dentro que creo que ya no volverá a ser igual. 

 

Y eso no fue todo, la alargada sombra que seguía su viaje de vuelta hacia la base de su montaña progenitora volvió a ser protagonista. Dentro de ella, sumergido en las sombras, comenzaba a iluminarse la cima del pequeño cráter Ammonius (antes Ptolomeo A). Aún invisible en la noche lunar la pequeña cresta comenzaba a recibir la débil luz del amanecer y aparecía como un pequeño pozo de luz dentro de la sombra de la montaña. Decir que para mi fue un espectáculo es quedarme corta. La pequeña distancia que separa su borde superior ya iluminado de la base de Ptolomeo aún en la noche debe ser mínima, pensaba, solo de imaginar el espectáculo de estar situada junto a él esperando la luz me daban escalofríos. Imposible no soñar... 

 

Así que inmediatamente me imaginé allí, en la base de Ammonius mirando hacia la montaña creadora de sombra... viendo el resplandor del inminente sol que en cuestión de minutos asomaría por encima de ella. Aún en las sombras... miro a mi alrededor, la cegadora planicie de Ptolomeo se me antoja deslumbrante... comienza a iluminarse mi cabello, elevo la mano por encima de los ojos antes de que los primeros rayos del sol cieguen mis retinas. Se que es imposible pero en mi fantasía podía sentir su calor en mi cara mientras se me congelaban los pies. Lo cierto es que me pasó de verdad, al imaginar el espectáculo mi cara se ruborizó de la emoción mientras mis pies paralizados se helaban con la brisa que acababa de levantarse. No me podía creer que en a penas una hora llegara a ver semejante espectáculo, esta ha sido una experiencia lunática que nunca olvidaré. Lo cierto es que la Luna jamás dejará de sorprenderme, siempre ofrece algo hermoso que merece la pena y solo hay que estar ahí para verlo. 

 

La Luna, eterna compañera, nunca dejarás de llenar mis días y mis noches de emociones y experiencias. Despedimos a la algarabía de alumnos que se marchaban entusiasmados con la experiencia que habían vivido con nosotros, aún les quedaba energía! así que salieron disparados a la carrera para ver quién llegaba antes al autobús. Y a los profesores, nos despedimos con enormes abrazos pues esta experiencia compartida nos ha unido mucho. Se estrechan lazos emocionales difíciles de describir con palabras, les expresamos nuestras admiración por la gran labor que hacen con los muchachos y nos despedimos deseando haber dejado huella también en ellos. Si en alguno de ellos da fruto será una gran recompensa para nosotros. 

 

 

Yo esta noche, me acostaré pensando en el amanecer de Ptolomeo, buenas noches selenitas.

 

 

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